jueves, 10 de septiembre de 2009

HOLA AMIGOS

Hola amigos como habeis visto en estos últimos días no he actualizado el blog, el motivo es mi nueva andadura laboral.

Por este motivo os pido perdón y paciencia hasta que me ubique y normalice en el nuevo puesto de trabajo.

Muchas gracias a todos y espero poder seguir contando con vuestra presencia.

Espero poder continuar con mis últimas entradas este fin de semana, un abrazo a todos y gracias de antemano.

El responsable de este disparate artístico, Arrabalero o Ruherl@, jaja que soy el mismo.

martes, 8 de septiembre de 2009

PASEO SAGASTA Y CALLE LAGASCA. El esplendor modernista de la ciudad de Zaragoza en el siglo XX.



El primero de los recorridos propuestos se reduce exclusivamente a un trazado casi lineal que recorre el Paseo Sagasta y las primeras casas de la calle Lagasca, vía transversal del paseo. El recorrido aunque sencillo, es amplio en distancia y está pensado como un suave paseo de una hora de duración (bueno todo depende de lo que el espectador se deleite con cada uno de los edificios).

El origen del Paseo Sagasta es el del antiguo camino que iba hacia Torrero (barrio nacido en torno a la construcción del Canal Imperial de Aragón) desde la puerta de Santa Engracia cruzando el río Huerva. Hasta el siglo XIX en este camino sólo había algunas torres de recreo en los alrededores del río y pequeñas industrias de carácter familiar instaladas junto a él.

El primer proyecto de urbanización de la zona data de 1900, en el que se proyecta un paseo con boulevard central donde se levantarían bellos edificios de viviendas y chalets unifamiliares según diseños modernistas.

Este proyecto decimonónico se liga a un hecho importantísimo para la transformación de Zaragoza en una ciudad moderna, la celebración de la Exposición Hispano Francesa de 1908; próximo a este nuevo foco de esplendor se crean nuevas zonas, como este Paseo de Sagasta, donde residirán las clases medias burguesas. Se trazará una calle amplia cuajada de edificaciones modernistas (bloques de viviendas en el lado izquierdo y chalets unifamiliares en el derecho); es una calle diseñada a modo de ensanche con notables avances higiénicos como el alcantarillado, agua y pavimentación.

El paseo surge de la necesidad urgente de ordenar el crecimiento de la ciudad de Zaragoza. En 1906 se elabora un detallado anteproyecto de ensanche por parte de los técnicos municipales Casañal y Magdalena que preveía un muro radial en torno a la plaza de Aragón, como nuevo centro. Sin llegar a ser aprobado definitivamente, este proyecto marcará la voluntad de crecimiento hacia el sur y definirá sus dos directrices principales: el paseo Sagasta y la Gran Vía, aconsejando el cubrimiento del Huerva que veinte años más tarde se realizará.

Para iniciar un recorrido más lógico desde el punto de vista turístico recomiendo coger un autobús urbano para dirigirse a la zona alta del Paseo Sagasta, para luego descender el boulevard de una forma pausada y tranquila, siempre favorecida por el desnivel que el terreno presenta dirección a los altos de los Pinares de Venecia.

CASA PALAO. Paseo Sagasta 76.

El nombre de este bello edificio se debe al conocido escultor zaragozano de finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, Carlos Palao. La obra fue encargada en el año 1905 a Félix Navarro para edificar una casa en los terrenos de su propiedad en Sagasta esquina con Camino del Sábado. El desnivel existente en el terreno y la intencionalidad del escultor porque su vivienda quede sujeta o alineada al trazado del paseo, hace que las obras se demoren hasta 1912, fecha en la que se le concede nueva licencia, pero esta vez ya con planos de Miguel Ángel Navarro Pérez, que se hacía cargo de todas las obras de su padre, tras su recién desaparición.

El bloque constructivo se erige sobre una parcela de mucho fondo con fachada a dos calles y ángulo resuelto en chaflán curvo, y consta de sótano y cinco plantas; siendo exclusivamente la principal la destinada a la familia del escultor.

El elemento más valorado por los especialistas es precisamente la curiosa solución curva del chaflán, ya que se conforma como un elemento sin ornamentación (excepto los capiteles florales de la planta baja), estructurándose la fachada mediante líneas curvas para resolver los antepechos de las ventanas y huecos de influencia gaudiana. Los vanos son amplísimos (sin duda de los más generosos de la ciudad cuando se construyó) por lo que resulta una edificación de inusitada diafanidad, en la que se aprovechan al máximo las posibilidades estéticas de materiales como el hierro y el cemento.

Son bellísimos los capiteles de las columnas de la planta baja con rica decoración floral y vegetal tallada, que recuerda el estilo carnoso de Luis Domenech i Montaner.

El carácter tardío de la edificación hace que la decoración de base vegetal quede bastante reducida, a ello hay que sumar una intencionalidad más funcionalista del bloque que introduce ciertos valores racionalistas.























































































CASA CORSINI. Paseo Sagasta 19.

Si seguimos bajando por el bulevar central del paseo, en su tramo central encontraremos lo que podíamos llamar las manzanas de la discordia, por asemejar con el apelativo barcelonés que se le da a la manzana que mayor concentración de edificios modernistas presenta. El primero de los edificios se correspondería con el número 21 de la calle, edificio en chaflán que actualmente se encuentra en proceso de rehabilitación. Por sus similitudes con el número 19 y ante la imposibilidad de poder ofreceros fotografías propias, eludiré su comentario.

Casa Corsini es el nombre que recibe el edificio de viviendas proyectado en marzo de 1904 por el maestro talaverano Juan Francisco Gómez Pulido para Carlos Corsini. La escasez de documentación aportada sobre el proyecto y el carácter indefinido del proyecto presentado y conservado en el archivo municipal, ha hecho durante mucho tiempo atribuir la construcción de este edificio, al igual que muchos otros, al arquitecto municipal Ricardo Magdalena; del cual conocemos actualmente que sólo aportaba su supervisión y firma como arquitecto de la ciudad.

La construcción es sin lugar a dudas una de las más grandes de las conservadas, ocupando una parcela de diseño rectangular y fachada a dos calles. Consta de sótano, cuya existencia se manifiesta al exterior en las lumbreras de la fachada, y cinco plantas, rematada la última de ellas por cornisa de fábrica trabajada en canetes agrupados de cuatro en cuatro. La composición del edificio es diferente en cada una de sus dos fachas, aunque ambas aparecen siempre articuladas por un bello mirador de hierro acristalado en chaflán curvo.

La fachada principal responde a una composición simétrica ordenada con respecto a un segundo mirador, en este caso dispuesto en el centro y con la intencionalidad de marcar o reseñar la fachada principal del edificio. Por lo demás ambas fachadas presentan una serie de ejes horizontales de vanos adintelados y abalconados, que marcan los distintos pisos del inmueble, y que en su gran originalidad se trasdosan o decoran de forma distinta; la decoración vegetal se sitúa especialmente en dichas zonas, presentando una decoración floral de carnosa talla y carácter modernista que caracteriza este edificio, así mismo son interesantes las rejas de balcones y miradores con elementos florales.



















































































domingo, 6 de septiembre de 2009

MODERNISMO EN ZARAGOZA. La negación del ocaso de un estilo en la ciudad.

El Modernismo o Art Nouveau es el movimiento artístico que adquiere su máxima expresión en los países europeos entre 1890 y 1915, se trata de un estilo basado en la intencionalidad naturalista de todas sus manifestaciones, destacando un claro predominio de las formas y líneas curvas.

Aunque este estilo se desarrolla por Europa ya a finales del siglo XIX, Zaragoza tendrá que esperar a los primeros años del siglo XX para ver nacer un arte que competirá rudamente con el eclecticismo de corte neo-renacentista tan de boga en los edificios y construcciones más institucionales.

La irrupción del modernismo en la ciudad viene ligada a la profunda transformación urbana y económica que sufre la ciudad a comienzos del siglo XX; con la urbanización de la huerta de Santa Engracia, que se convierte en zona residencial; el paseo de Sagasta, que nace imitando a los bulevares franceses de la época; el paseo Pamplona y la remodelación de la plaza de Lanuza con la construcción del Mercado Central, la expansión urbanística de la ciudad es una realidad. Una realidad que deparará unas necesidades constructivas que la burguesía, comerciantes y banqueros harán realidad construyendo sus nuevas residencias siguiendo las modas del nuevo estilo.

Todas estas razones me hacen afirmar que aunque tardío, Zaragoza atesora todavía algunas joyas de su esplendor modernista, y que sin tener dudas hay que rechazar la extendida expresión de que este estilo es escaso, poco ostentoso y que se limita exclusivamente a la decoración de ciertas fachadas. Así pues, cansado de estas típicas expresiones, tan negativas y rechazando siempre lo nuestro, he decidido ofrecer en mi blog tres rutas por la Zaragoza del Art Nouveau.

La difusión del movimiento está estrechamente vinculado con la escuela de arquitectura de Barcelona, especialmente con el “estilo floral” del arquitecto Luis Domenech i Montaner. Es preciso subrayar, para diferenciar el modernismo propiamente dicho de otros movimientos coetáneos no modernistas, que en Aragón a finales del siglo XIX tenían un peso abrumador los movimientos historicistas y eclécticos decimonónicos; estos movimientos se basaban en la utilización del ladrillo y la cerámica como material tradicional y en la exaltación del renacimiento como estilo artístico del pasado más adecuado a lo aragonés. Dicha condición hace que los dos principales materiales constructivos de la ribera del Ebro, sean renegados en su reinterpretación por considerarse por arquitectos y encargantes de las obras como conservadores y no propicios para esta nueva arquitectura; por lo que no se podían desarrollar las cualidades expresivas que en el nuevo lenguaje permitían, materiales como el ladrillo y la cerámica, con ejemplos en otros lugares como el Capricho de Comillas (Cantabria) o el Parque Güell en Barcelona.

Como características generales el modernismo zaragozano adopta la incorporación de nuevos materiales (hierro y cristal), los ritmos ondulantes del conocido golpe de látigo o coup de fouet, de marcado diseño asimétrico; el papel estructural de la ornamentación; la revitalización de las técnicas artesanas y principalmente el predominio del floralismo naturalista.

Dos generaciones de arquitectos agrupan las producciones modernistas, por un lado los arquitectos consolidados que han desarrollado previamente una arquitectura historicista, Ricardo Magdalena, Félix Navarra Pérez; y por ende los nuevos arquitectos para los que el “art nouveau” significa un punto de partida en su carrera.

En general puede decirse que el modernismo tuvo en la arquitectura, escultura y forja aragonesa, aunque tardíamente, un arraigo notable, ocupando un lugar destacado en el modernismo hispánico.

Para poder estructurar mejor una visita turística de algunos de los monumentos conservados, Conocerzaragoza propone tres rutas a recorrer: Paseo Sagasta, Huerta de Santa Engracia y zona del Casco Histórico.



















































































miércoles, 2 de septiembre de 2009

IGLESIA PARROQUIAL DE SAN PABLO. CONCLUSIÓN.

Sin duda alguna, San Pablo se convierte por méritos propios en un pequeño cofre con algunas de las mejores piezas del arte, en su evolución histórica, zaragozano. Por todas esas razones el templo se convierte en un foco atrayente del turismo y devoción de la ciudad de Zaragoza y principalmente del populoso barrio de San Pablo, que ven en su templo parroquial la más bella muestra de su grandeza y costumbrismo.

Por ello espero que os hayan gustado todas las entradas, información e imágenes ofrecidas; un trabajo costoso en el que he invertido bastantes horas y espero sea de vuestro agrado. Para concluir me gustaría agradecer las atenciones facilitadas por parte del templo y la ayuda generosa de un gran amigo, Víctor B.; el día en que realice la mayoría de las fotografías que ilustran dicho trabajo.


Plano del centro histórico de Zaragoza, señalado en rojo la ubicación del templo parroquial de San Pablo.

Los horarios de acceso al templo se restringen a los de culto; invierno (laborales: 9:30 y 19:00 horas; domingos y festivos: 10:00, 12:00, 13:00 y 19:00 horas) y en verano (laborales: 9:30 y 20:00 horas; domingos y festivos: 10:00, 12:00 y 20:00 horas).




CAPILLAS Y RETABLOS DE LA IGLESIA PARROQUIAL DE SAN PABLO. CAPILLAS DE LA NAVE NORTE IV.

Dada la proximidad a la calle San Blas y especialmente debido al profundo desnivel del terreno que existe en esta zona del templo, la nave norte carece de capillas devocionales; no así de retablos, aunque como su estudio posterior testimonio la mayoría de ellos fueron colocados y realizados a finales del siglo XVIII.

Además la nave norte es menor en longitud que la sur o de la Epístola, a consecuencia de la localización a sus pies del pequeño claustro interno que rodea la torre parroquial. Todas estas características, aunadas a la menor iluminación natural de esta zona del templo hace que dicha nave sea la última en decorarse. Cinco son los retablos que se ubican en dicho espacio, dedicados a San Blas, Santa Bárbara, Ecce Homo, San Juan Nepomuceno y Santa Brígida de Irlanda. Dada su desigual calidad y principalmente ante la imposibilidad de poder fotografiar dos de ellos (escasez de luz), serán sólo tres los retablos a comentar.

RETABLO DE SAN BLAS.

Se localiza a los pies de la nave, empotrado bajo un arco desigual que refuerza el muro. La pieza es un gran retablo dieciochesco, fechado entre los años 1750-1770 y de corte barroquizante tardío. Presenta un diseño de tres calles separadas por columnas de capitel compuesto y fuste estriado en sus dos tercios superiores; en la calle central bajo hornacina de arco combinado se ubica la devota imagen de San Blas. La talla gótica del santo, debe fecharse a finales del siglo XV, muestra formas de carácter naturalista principalmente en sus plegados, aunque todavía testimonia ciertas formas arcaizantes de escaso realismo, principalmente en el rostro y disposición del cuerpo. El santo aparece con báculo, mitra y en actitud de bendecir; la gran devoción demostrada hacia él por los parroquianos del templo hicieron que fuera repolicromado en el siglo XVIII.

Iconográficamente completan el retablo escenas de la vida de la Virgen y las tallas exentas de San Joaquín, Santa Ana y San José.



RETABLO DE SANTA BÁRBARA.

A continuación aparece ubicado el amplio retablo de Santa Bárbara; obra de finales del siglo XVIII atribuido al mazonero Ignacio Ximeno. Adopta diseño de tres calles, con la central más desarrollada y enmarcada por suntuosa tramaboya arquitectónica. Preside el retablo la talla de Santa Bárbara con sus instrumentos o signos de gloria y una estética cercana al taller de los Messa (amplios plegados y formas gesticulantes). Acompañan a la imagen de la santa las de San Lamberto, San Cristóbal, San Esteban y San Isidro Labrador; en el remate o ático, las virtudes de la Fe y Esperanza; ambas representadas en su condición humana y recostadas sobre los elementos arquitectónicos.




RETABLO DE SAN JUAN NEPOMUCENO.

Obra barroca de finales del siglo XVIII, con cuerpo de una sola calle y ático de formas curvas. La pieza carece casi de valor si exceptuamos el lienzo del titular que preside el retablo. El lienzo se puede catalogar a finales del siglo XVIII y cercano al círculo de Mariano Salvador Maella: iconográficamente representa la glorificación de San Juan Nepomuceno.

Artísticamente la pintura se halla transida de academicismo y rigor en el dibujo, combinando los últimos coletazos del barroco dieciochesco, con las novedades neoclásicas, impulsadas desde la Corte por el monarca Carlos III y su pintor regio, Mengs.