miércoles, 22 de julio de 2009

LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN DE CARLOS SALAS EN LA BASILICA DEL PILAR. La plenitud marmórea del barroco español.

Hoy vuelvo a ofreceros una de esas grandes obras de arte del patrimonio zaragozano, que por su ubicación y entorno prácticamente pasa inapreciable, tanto para el turista como para el propio zaragozano.

El magno relieve marmóreo se ubica dentro del majestuoso templo basilical, ocupando el centro del testero de la Santa Capilla (parte trasera); su ubicación responde al proyecto de Ventura Rodríguez para reformar el espacio interior del templo, ya que según este proyecto dicho relieve estaba destinado a ocupar el centro de la nave mayor, ya que se pensó en retirar el retablo de Damián Forment.

El autor de esta magna obra es el catalán Carlos Salas, que a pesar de su nacimiento en Barcelona en el año 1728 tempranamente se traslada a Madrid formándose junto a académicos y trabajando en la decoración del nuevo Palacio Real, obras que le hacen ser nombrado académico de mérito en 1760 de la Real de San Fernando (academia ilustrada de Madrid).

Poco después sería reclamado por el arquitecto real Ventura Rodríguez para intervenir en la decoración del espacio pilarista, 1762-1765 esculpe nueve medallones que ornan el recinto; para ejecutar entre 1767 y 1769 este magno relieve.

Juan José Martín González en su obra “Escultura barroca en España 1600-1770” contempla la siguiente afirmación sobre este relieve: <Dada la pulcritud de la talla y el gran tamaño, esta obra constituye algo excepcional en la escultura marmórea española. Por la composición y el significado del volumen se atiene todavía a los cánones del barroquismo. …>






















Iconográficamente se representa la Ascensión de la Virgen a los Cielos sobre espléndida gloria de nubes portada por un séquito de ángeles y querubines; mientras que los doce Apóstoles son testigos privilegiados al encontrar su sepulcro vacío.

Artísticamente Salas ha concebido el relieve en dos planos iconográficos, por un lado en el primer término coloca a los doce Apóstoles, organizados en torno al sepulcro vacío de María; un sepulcro que se dispone en diagonal conformando un gran escorzo que hace que la obra gane en profundidad y plasticidad visual. Los Apóstoles configuran un parangón en la escultura barroca, mostrando grandes paralelismos con la plástica italiana, especialmente con Bernini, mucho más comedida y limpia que la española; pero sin olvidar directrices estéticas propias de la corriente artística como son el movimiento, la disposición de las figuras en diagonales, el tratamiento minucioso de los ropajes en base a grandes plegados o los rostros expresivos y cargados de dramatismo. En un segundo término ubica el relieve de María, tratado con menor volumen que el de los Apóstoles; y dispuesto en un marcado eje en diagonal que hace que las fuerzas compositivas emerjan por el flanco superior de la obra.




















Todas las figuras están tratadas con gran minuciosidad, conformando un conjunto plástico impactante y sumamente bello. Cada rostro se interpreta de forma individualizada y bella, pero mostrando a la vez los distintos sentimientos y expresiones de la naturaleza humana.

Por su concepción se trata de un relieve prácticamente único en el territorio español, por su gran tamaño y por la belleza plástica de su tratamiento y ejecución; su concepción italianizante sigue las directrices de la escultura académica que el propio Salas ejecuta a lo largo de su vida, mostrando por ende grandes paralelismos con obras italianas y francesas; apreciándose un notable paralelismo con el lenguaje plástico desarrollado por Bernini; característica que le hace ser peculiar dentro de una estética barroca española notablemente dispar a la concebida en otras zonas del continente europeo.

Plano de la Basílica del Pilar donde se ubica dicho relieve. Foto extraída de la web del Cabildo de Zaragoza.

Horarios de acceso al templo para su posible contemplación. De Lunes a Domingo de 6:30 a 20:30 en invierno, siendo una hora más tarde su hora de cierre en verano.

BIBLIOGRAFÍA: Juan José Martín Gonzáleza, "Escultura barroca en España 1600-1770", Manuales de Arte Cátedra. 1998 Madrid.

martes, 21 de julio de 2009

LA TORRE DE LA CATEDRAL DE SAN SALVADOR. Una de las más bellas atalayas barrocas del patrimonio español.

Es sin duda alguna uno de los referentes de la conocida plaza de las catedrales, aunque en muchas ocasiones es destronada a un segundo lugar por la monumentalidad del templo basilical de Nuestra Señora. Pero sin embargo se constituye como el referente visual de la Zaragoza barroca del siglo XVII, ya que las torres del Pilar fueron levantadas en su mayoría en el siglo XVIII.

Dibujo del diseño de la torre por Contini. Foto extraida de la página web de la Fundación Lázaro Galdiano. Fondo Carderera.

La actual construcción viene a sustituir a la antigua torre mudéjar que completaba el conjunto catedralicio, la cual a su vez sustituyó al alminar de la antigua mezquita mayor de Saraqusta. De ambas torres son escasos los restos que se han conservado, siendo poco apreciables las marcas en negativo que dejó el antiguo alminar.

La primera piedra del conjunto fue colocada en Julio de 1681, ocupando la mitra arzobispal Don Diego de Castrillo. Y su conclusión arquitectónica posiblemente fuera a comienzos del siglo XVIII (1704), aunque su decoración data de la década de 1780.

















El proyecto fue diseñado por Juan Bautista Contini (afamado arquitecto italiano muy influenciado por las obras de Borromini) aunque su consecución material fue encargada a los maestros aragoneses Pedro Cuieo, Gaspar Serrano y Jaime Borbón. El proyecto fue respetado en sus formas externas, aunque no en la concepción interna de la torre, ya que los maestros aragoneses decidieron otorgarle la típica estructura de alminar de las torres aragonesas, una doble torre una interna y otra externa con las escaleras ocupando el espacio entre ambas torres.

Artísticamente la torre se estructura en cuatro cuerpos más el chapitel. Los dos primeros presentan planta cuadrada, aunque el segundo presenta sus aristas rematadas; mientras que los dos superiores juegan armoniosamente con un diseño octogonal. La torre fue construida prácticamente en su totalidad en ladrillo, salvo el basamento del primer cuerpo que se realiza en piedra; razón que radica en la escasez de piedra en las cercanías de la fértil huerta del Ebro.

El primer piso aparece ornado por una gran lápida de forma rectangular con texto latino que recuerda su construcción, dicha lápida se enmarca por moldura de piedra con frontón partido y dos ramas de palma; y un gran balaustre de piedra.

El segundo piso se decora con sobrias pilastras muy planas y en su parte frontal se encuentra el reloj, flanqueado por las figuraciones de la Muerte, el Día y la Noche, recurso muy dramático tan del gusto de la estética persuasiva del barroco.

El tercer piso o cuerpo de campanas, ya que es en él donde se decidió alojar el cuerpo de campanas, aparece completado por voluminosas columnas de capitel corintio elevadas sobre alto basamento, y las figuraciones de la Prudencia, Justicia, Fortaleza y Templanza en los cuatro flancos.

El cuarto piso más sobrio que el anterior utiliza el típico recurso decorativo de los grandes flameros de piedra tan del gusto de las obras de Borromini.

El último de los elementos de la torre es el chapitel, elemento ya de 1850 que viene a sustituir a otro mucho más sencillo de formato piramidal que quedó destruido por el incendio de 1850. El actual es octogonal, apiramidado y bulboso con su característico color rojizo que le da a la torre ese bello semblante orientalizante tan del gusto en la arquitectura del siglo XIX.

miércoles, 15 de julio de 2009

LA BELLA TALLA MEDIEVAL DE LA VIRGEN CON EL NIÑO de la parroquieta de la Catedral de San Salvador.

Una soleada mañana de sábado decidí acceder al interior de la parroquieta de la Catedral de San Salvador de Zaragoza, para así poder recordar en mi memoria el bello sepulcro medieval del Arzobispo Don Lope Fernández de Luna. Cuál fue mi sorpresa, al ver, que el interior estaba completamente iluminado, ya que se acababa de celebrar un bautizo, y por ello pude apreciar la belleza de esta pequeña pieza medieval.


Se trata de una talla en madera de la Virgen con el Niño fechable entorno al siglo XIII, aunque repintada en el siglo XVIII. Esta pieza es la titular de la pequeña capilla adosada al lado del evangelio de la parroquial de San Salvador y dedicada a Nuestra Señora del Rosario. El espacio propiamente dicho es una reforma llevada a cabo por el arzobispo don Francisco Añoa y Busto entre 1753 y 1756.

La imagen presenta una bella factura que sigue modelos borgoñones, con cierta influencia del plegado anguloso y expresivo proveniente de la zona germana. Ambas características permiten relacionar la pieza con algún maestro norte europeo que trabajó durante la segunda mitad del siglo XIII para la Corona de Aragón.






















La Virgen aparece ataviada con túnica y manto de aire cortesano, con la intención de marcar la realeza de María. La túnica de corte alto aparece ornada en su parte alta por un pequeño broche, mientras que el manto que cubre su cabeza lo presenta cruzado sobre el pecho generando un gracioso y naturalista juego de plegados que dota a la imagen de un bello realismo. El rostro ofrece rasgos suaves y bellos, aunque carentes todavía de un pleno naturalismo. Un naturalismo prácticamente inexistente en el Niño, quién aparece sentado sobre el brazo izquierdo de su madre, con la que todavía mantiene poca relación, mostrando así un cierto arcaísmo dentro de la pieza.

Esta pequeña pieza, rondará los 30 cm, debió ser reformada en el siglo XVIII, época en la que se repintó y se le añadieron la corona y la pequeña peana donde aparece entre nubes la figura de un risueño y regordete querubín.

martes, 14 de julio de 2009

UNA PEQUEÑA JOYA MEDIEVAL. La escultura de la Virgen con el Niño de la parroquia de San Valero.

Tras mucho tiempo conociendo de la existencia de esta pequeña escultura; y dando la casualidad de acudir a una eucaristía en la parroquia de San Valero, del populoso barrio de Delicias (Zaragoza). Descubrí para mi asombro esta pequeña joya de la escultura medieval aragonesa.

Esta bella imagen tardo medieval se ubica en la primera capilla del lado de la Epístola del templo neogótico de San Valero. La capilla conocida como capilla bautismal o de los Reyes se abre al templo por arco apuntado aunque aparece cerrada por grandes puertas de madera.

Según documentación del propio templo y varios trabajos publicados por Mª Carmen Lacarra Ducay, esta bella pieza de alabastro formaba parte de un suntuoso retablo gótico ubicado en la desaparecida Iglesia de San Andrés, adscrita a la parroquial de San Gil (ubicada en la actual calle don Jaime de la capital aragonesa). El retablo al que se hace referencia era una obra pictórica medieval realizado por Tomás Giner en la segunda mitad del siglo XV; y en él se narraban pasajes de la vida de San Juan Bautista, San Miguel Arcángel y Nuestra Señora; siendo la titular del mismo esta bella pieza escultórica de bulto redondo.
























Dicho retablo fue desmontado y reubicado en el templo de San Valero encargándose una nueva mazonería neogótica a los hermano Albareda. El retablo se desmontó ubicando por un lado la pieza tallada y por otro la pictórica. Así podemos todavía observar algunas de estas pinturas medievales realizadas por Giner, en la primera capilla del lado del Evangelio del templo de San Valero.

La pequeña Virgen con el Niño, es una bellísima pieza fechable en la segunda mitad del siglo XV, y obra de Franci Gomar imaginero catalán que desarrolla su trabajo para la antigua Corona de Aragón entre los años de 1443 y 1493. En ella Gomar asume el realismo bello de la escultura centro europea y la expresividad de plegados propia de los mejores escultores alemanes.

Artísticamente se representa una bella imagen de María ataviada al modo cortesano norte europeo; que como madre, ya no como trono (vírgenes románicas), mantiene una bella unión y comunicación con su hijo. La Virgen presenta un rostro dulce, sereno, mostrando una incipiente sonrisa llena de ternura al ver como su hijo se acomoda sobre su hombro. El naturalismo que desprende su gesto se acentúa al presentarse con la cabeza sin cubrir y mostrar una cabellera suelta y ondulada. Estas formas suaves contrastan con las utilizadas en la talla de los ropajes, la Virgen viste larga túnica ceñida al busto y manto largo sobre sus hombros; ambas piezas de gran realismo a pesar de su gran voluminosidad y fuertes plegados, propios del gusto más expresivo de la talla alemana del siglo XV. El Niño es una creación sublime de la plástica medieval, en el ya no rezuman los deseos de mostrar su realeza; sino que se persigue acentuar valores de cariño, debilidad y dulzura, aparece ubicado sobre el antebrazo derecho de María, sobre cuyo hombro apoya su cuerpo con el propósito de conciliar un dulce sueño.

Estas características hacen que el conjunto sea “una preciosa y entrañable visión de la maternidad de María, una mujer feliz que vela el sueño de su Hijo en brazos mientras acaso ya siente la tristeza de la premonición de todo lo que les espera” (Mª Carmen Lacarra Ducay).