Mostrando entradas con la etiqueta ZARAGOZA EN EL SIGLO XIX. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ZARAGOZA EN EL SIGLO XIX. Mostrar todas las entradas

domingo, 21 de febrero de 2010

LOS BURGUESES DE CALAIS Y EL PENSADOR EN ZARAGOZA

En la misma calle Alfonso I el Batallador y venidas de la mano de la obra social de la Caixa llegan a Zaragoza siete piezas escultóricas del afamado artista Auguste Rodin; sin lugar a duda el mejor exponente de la plástica finisecular del siglo XIX y comienzos del siglo XX. La exposición aunque escasa en piezas es de una gran categoría a la par que permite contemplar y rodear las piezas de forma directa, todo un placer para los sentidos.

La exposición estará en Zaragoza hasta el 25 de marzo de 2010.

Los Burgueses de Calais: se trata de un encargo que representa una hazaña heroica de un conjunto de personas de la ciudad de Calais, que se opone a la ocupación de ésta. Rodin hará una escultura en un podio bajo, a ras del suelo (para que la gente pueda contemplarla mejor). Son un conjunto de seis personas, prácticamente individualizadas debido a la vestimenta, el rostro, su expresión, el gesto de las manos, etc. El tratado es individualizado, sin embargo, las personas se interrelacionan con el movimiento lo que la hace ser considerada como una composición conjunta. La expresividad es una de las características más destacables de Rodin, sentimientos de angustia, orgullo, dolor, en fin, diferentes expresiones según la cara de la figura de la que estemos hablando. Según el punto de vista, tendremos una sensación diferente de la figura.


http://es.wikipedia.org/wiki/Auguste_Rodin



















































El Pensador: símbolo de la escultura de Rodín. Aglutina todas las características del autor. La escultura llega a traspasar su sentido literario (ya que en su origen es el retrato del poeta Dante que se ve afectado por todo lo que está viendo –en las puertas–), y ahora con la escultura a grandes dimensiones adquiere un significado totalmente diferente, trata de expresar algo más universal y que se identificará con el destino del hombre. Se trata de un hombre sentado, reclinado, con la cabeza ladeada hacia abajo, en una postura de pensamiento, pasividad, soledad, preocupación, etc. Para ello, Rodin se inspirará en obras ya existentes (como el Moisés o la Tumba de Lorenzo de Médici de Miguel Ángel) clásica, renacentista. Por una parte vemos una posición descuidada, hay como un giro de las piernas casual, como si se sentara a pensar. Pero Rodin va más allá de la representación idealizada de una persona para transmitirnos sentimientos, algo más universal y profundo (soledad, preocupación del hombre por el devenir del ser humano,…) toda una carga psicológica importante. El Pensador está fundido en bronce.

http://es.wikipedia.org/wiki/Auguste_Rodin

























"No sólo revolucionó el arte de la escultura, que había quedado relegado a tediosa disciplina y reducido a mero monumento conmemorativo, sino que también demostró su modernidad apostando por exponer sus esculturas al aire libre. Precisamente, más de un siglo después, algunas de las obras más afamadas de Auguste Rodin (París, 1840 - Meudon, 1917) se erigen sobre la vía pública de Zaragoza en una iniciativa conjunta de la Obra Social ”la Caixa” y el Ayuntamiento de esta ciudad. Concretamente, en la calle Alfonso I.


Auguste Rodin en Zaragoza reúne siete esculturas monumentales del Musée Rodin de París: El Pensador (que el maestro concibió en un inicio para formar parte del grupo escultórico de La Puerta del Infierno pero que acabó cobrando vida autónoma), y seis estudios de los seis prohombres que conforman el Monumento a los burgueses de Calais. La exposición forma parte del programa Arte en la Calle, una iniciativa pionera de la Obra Social ”la Caixa” cuyo objetivo es el de sacar el arte de las salas de exposiciones, devolverlo al espacio público y provocar un diálogo con la arquitectura. Nunca mejor dicho en el caso de Rodin, quien concibió sus esculturas para ser expuestas al aire libre.


Las siete esculturas monumentales que conforman la exposición Auguste Rodin en Zaragoza, comisariada por Hélène Marraud, del Musée Rodin de París, están instaladas en la calle Alfonso I (entre la Plaza del Pilar y la calle Espoz y Mina) de Zaragoza del 17 de febrero al 25 de marzo de 2010.


La muestra forma parte del programa Arte en la Calle de la Obra Social ”la Caixa”, y se ha podido ver en Madrid, Barcelona, Sevilla, Bilbao, Valencia, Málaga, Palma, Granada y Valladolid."

http://prensa.lacaixa.es/obrasocial/view_object.html?obj=816,c,6520

domingo, 6 de septiembre de 2009

MODERNISMO EN ZARAGOZA. La negación del ocaso de un estilo en la ciudad.

El Modernismo o Art Nouveau es el movimiento artístico que adquiere su máxima expresión en los países europeos entre 1890 y 1915, se trata de un estilo basado en la intencionalidad naturalista de todas sus manifestaciones, destacando un claro predominio de las formas y líneas curvas.

Aunque este estilo se desarrolla por Europa ya a finales del siglo XIX, Zaragoza tendrá que esperar a los primeros años del siglo XX para ver nacer un arte que competirá rudamente con el eclecticismo de corte neo-renacentista tan de boga en los edificios y construcciones más institucionales.

La irrupción del modernismo en la ciudad viene ligada a la profunda transformación urbana y económica que sufre la ciudad a comienzos del siglo XX; con la urbanización de la huerta de Santa Engracia, que se convierte en zona residencial; el paseo de Sagasta, que nace imitando a los bulevares franceses de la época; el paseo Pamplona y la remodelación de la plaza de Lanuza con la construcción del Mercado Central, la expansión urbanística de la ciudad es una realidad. Una realidad que deparará unas necesidades constructivas que la burguesía, comerciantes y banqueros harán realidad construyendo sus nuevas residencias siguiendo las modas del nuevo estilo.

Todas estas razones me hacen afirmar que aunque tardío, Zaragoza atesora todavía algunas joyas de su esplendor modernista, y que sin tener dudas hay que rechazar la extendida expresión de que este estilo es escaso, poco ostentoso y que se limita exclusivamente a la decoración de ciertas fachadas. Así pues, cansado de estas típicas expresiones, tan negativas y rechazando siempre lo nuestro, he decidido ofrecer en mi blog tres rutas por la Zaragoza del Art Nouveau.

La difusión del movimiento está estrechamente vinculado con la escuela de arquitectura de Barcelona, especialmente con el “estilo floral” del arquitecto Luis Domenech i Montaner. Es preciso subrayar, para diferenciar el modernismo propiamente dicho de otros movimientos coetáneos no modernistas, que en Aragón a finales del siglo XIX tenían un peso abrumador los movimientos historicistas y eclécticos decimonónicos; estos movimientos se basaban en la utilización del ladrillo y la cerámica como material tradicional y en la exaltación del renacimiento como estilo artístico del pasado más adecuado a lo aragonés. Dicha condición hace que los dos principales materiales constructivos de la ribera del Ebro, sean renegados en su reinterpretación por considerarse por arquitectos y encargantes de las obras como conservadores y no propicios para esta nueva arquitectura; por lo que no se podían desarrollar las cualidades expresivas que en el nuevo lenguaje permitían, materiales como el ladrillo y la cerámica, con ejemplos en otros lugares como el Capricho de Comillas (Cantabria) o el Parque Güell en Barcelona.

Como características generales el modernismo zaragozano adopta la incorporación de nuevos materiales (hierro y cristal), los ritmos ondulantes del conocido golpe de látigo o coup de fouet, de marcado diseño asimétrico; el papel estructural de la ornamentación; la revitalización de las técnicas artesanas y principalmente el predominio del floralismo naturalista.

Dos generaciones de arquitectos agrupan las producciones modernistas, por un lado los arquitectos consolidados que han desarrollado previamente una arquitectura historicista, Ricardo Magdalena, Félix Navarra Pérez; y por ende los nuevos arquitectos para los que el “art nouveau” significa un punto de partida en su carrera.

En general puede decirse que el modernismo tuvo en la arquitectura, escultura y forja aragonesa, aunque tardíamente, un arraigo notable, ocupando un lugar destacado en el modernismo hispánico.

Para poder estructurar mejor una visita turística de algunos de los monumentos conservados, Conocerzaragoza propone tres rutas a recorrer: Paseo Sagasta, Huerta de Santa Engracia y zona del Casco Histórico.



















































































jueves, 23 de julio de 2009

EL PASAJE DEL COMERCIO Y DE LA INDUSTRIA, “EL CICLÓN”. Edificio de viviendas entre la calle Alfonso y la plaza del Pilar de Zaragoza.


Cansado del anodino desdén que buena parte de los turistas y básicamente de las guías turísticas hacia los edificios zaragozanos del siglo XIX y XX, hoy traigo hasta este blog uno de esos espacios mágicos para la capital aragonesa. Un espacio que ciertamente nunca ha contado con el respeto y salvaguarda como patrimonio del arte finisecular, que se merece por parte de los zaragozanos.


Siempre que contemplo y recorro este espacio una sensación triste recorre mi cuerpo, y pienso en todo momento cuál distinto sería su estado y consideración si el mismo fuese simplemente concebido como un espacio monumental como pueden ser otras galerías de esta época como puede ser la magna galería de Victor Manuel en Milán o las Galerías San Hubert en Bruselas.

El conjunto constructivo está formado por el edificio de viviendas situado entre la esquina de la calle Alfonso I, la calle Santiago y la propia plaza del Pilar; su construcción se dilata entre los años 1882 y 1883, siendo diseñado por el arquitecto Fernando de Yarza a instancias de su propietario, el marqués de Ayerbe.

El espacio presenta una fachada clásica unificada con elementos ornamentales de corte académico y de cierto aire francés, debido a las mansardas de los faldones de la cubierta. En líneas generales el edificio presenta un marcado sentido de la horizontalidad acentuado por sus balconadas corridas y por el remate abalaustrado superior. Los pisos se articulan por dobles pilastras de orden corintio y presenta algunos elementos decorativos muy sencillos de corte académico, lo que confiere al edificio un marcado estilo ecléctico.


Arquitectónicamente el edificio es una construcción en ladrillo revocado siendo su elemento más representativo las soluciones curvas para los chaflanes del bloque.

El marqués de Ayerbe decidió construir en el interior de este bloque de viviendas las primeras galerías comerciales de Aragón; conocidas popularmente como el Ciclón, por la mítica tienda de recuerdos de su interior. El espacio es una galería en forma de cruz con un eje más largo que el otro, y el valor de tener que salvar el desnivel existente entre la calle Santiago y la plaza del Pilar. El espacio interior aparece decorado con dobles pilastras de orden corintio siguiendo con la misma articulación de la fachada, y vigas reforzadas con revestimiento ornamental de yeso con florones y guirnaldas. Dos elementos destacan del interior por un lado el juego de pilastras y pequeños balaustres de forja que ornan las ventanas bajas interiores del piso principal del bloque de viviendas, y las guirnaldas de corte clásico que decoran los chaflanes de las esquinas donde se cortan las dos arterias del pasaje.















Artísticamente se trata de un espacio interior de gusto finisecular, con un marcado aire clasicista muy del gusto de las clases pudientes de comienzos del siglo XIX; en definitiva se trata de un espacio pensado para el deleite de los pequeños nobles y burgueses de la Zaragoza del siglo XIX en ese deseo de dejarse ver y ser visto. Un espacio que la desidia deja en muchas ocasiones en el olvido, y que a pesar de ello el Ayuntamiento de Zaragoza obligó a sus propietarios a reformarlo y adecuarlo ante el acontecimiento de la Exposición Internacional de 2008.































Información bibliográfica extraída de la Gran Enciclopedia Aragonesa.

Fernando de Yarza y Fernández-Treviño (1841-1908): Obtuvo el título en Madrid en 1866. Fue arquitecto diocesano. En 1890 realizó proyecto para el Hotel Universo, en la calle zaragozana de San Gil. En 1891, instalación de la Hermandad del Refugio en plaza de San Pedro Nolasco, 15. En 1891 proyectó, en colaboración con Ricardo Magdalena, la segunda torre del templo del Pilar. De 1893, reparación general de la iglesia de San Gil Abad. En 1894, anteproyecto de ensanche de Zaragoza por la Huerta de Santa Engracia. En 1899, reparación del convento de capuchinas de Zaragoza. De 1868 a 1897 realiza un buen número de viviendas en la ciudad de Zaragoza.